El valor monetario de la naturaleza, en concreto de los bienes y servicios que ofrece, como por ejemplo el agua, los alimentos, la energía y el aire limpio, es enorme. Según algunas estimaciones, dicho valor supera en varias veces el total del producto interior bruto mundial.
Con frecuencia, dicho valor no se tiene en cuenta en el ámbito de los mercados y sistemas económicos, fiscales y financieros. Casi la totalidad de las cuestiones que atañen al medio ambiente y la sociedad se basan en factores económicos y están a merced de las distorsiones del mercado.
Los negocios también afectan a la biodiversidad y no pueden prescindir de ésta. Billones de personas trabajan en el sector privado y los negocios son uno de los motores principales del desarrollo social y económico. Algunos empresarios están empezando a reconocer el valor de la biodiversidad, la necesidad de protegerla y de realizar inversiones en ésta.
En el contexto de recesión económica actual, en el que los gobiernos realizan grandes inversiones a modo de estímulo económico, deberíamos, más que nunca, invertir en materia de naturaleza y biodiversidad con el fin de que el crecimiento económico y social sea sostenible.




